Lo nuestro duró lo qe duran dos peces de hielo en un güisqui on the rocks. . . Tenían razón mis amantes en eso de qe, antes,
el malo era yo, con una excepción: esta vez, yo qería qererlo qerer i el no. Así qe se fue, me dejó el corazón en los huesos i yo de rodillas. Tanto lo qería, qe, tardé, en aprender a olvidarlo, diecinueve días i qinientas noches. Dijo hola i adiós, i, el portazo, sonó, como un signo de interrogación, sospecho qe, así, se vengaba, a través del olvido, Cupido de mi. No pido perdón, ¿ para qé? si me va a perdonar porqe ya no le importa. . . Siempre tuve la frente muy alta, la lengua mui larga i la falda muy corta. Me abandonó, como se abandonan los zapatos viejos, destrozó el cristal de mis gafas de lejos, sacó del espejo su vivo retrato, i, fui, tan torero, por los callejones del juego i el vino, qe, ayer, el portero, me echó del casino de Torrelodones. Qé pena tan grande . . .















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